Él roba rosas por jardines de su barrio. Cada tarde de domingo, y sin que éste deba tener algo particular, los jardines de sus vecinos, sufren la misteriosa desaparición de aquella hermosa flor. La siesta es cómplice total de aquel joven, que sigilosamente extrae las flores. Y sin embargo, siempre hay alguien que lo ve, y que ríe sin quererlo, recordando sus amores de juventud, volviéndose en el tiempo.

Ella deshoja margaritas en su cuarto. Por la mañana, y a la salida de su escuela, recogió un racimo completo: anoche lo trató tan mal. Es como si en el designio de un "te quiero, poquito, nada", encontrara todo lo que necesita escuchar para poder armarse de valor, y pedirle disculpas. Y sin embargo, siempre vuelve a aparecer, silencioso e impaciente con ese no sé qué que la deja sin aliento, la encanta y la estremece. Y en un abrazo, le ha dicho que la perdone, que lo quiere mucho, que no quiere seguir deshojando margaritas.

Y es que el amor de juventud, son esos brazos por primera vez, afiatados, sinceros e ingenuos. Nada más importa, y en ese abrazo, son uno en la mirada, uno en la sonrisa.

Ellas se encuentran a estudiar desde temprano. Desde que son unas niñas que han sido amigas, y no existe nadie quien las pueda separar. Muchas cosas han pasado, y muchas otras han cambiado. En secreto, se ha dado una magia curiosa y especial que corre por sus cuerpos. Definitivamente algunas tardes hay algo más. Magia sensual. Deseo.

¿Y él? Él solo busca formas de decirle que lo ama, pero está tan nervioso, está tan complicado, no tiene idea de cómo ni por dónde empezar. Cree haber encontrado la solución, y le lee poemas sin parar, uno tras otro, como si se quisiese cerciorar de que él siente lo mismo.

Y es que el amor de juventud, son esos labios, temerosos y mojados, que desean fundirse en el beso del infinito, ese beso eterno, en el que se entregan colores, en el que se entregan escencias.

La estación del año: invierno. Vacaciones hermosas por lo demás. Nunca olvidaré aquella tarde de lluvia en la que te confesé, no sin haberlo ensayado antes, el amor que sentía por ti. Juntos en mi cama, respondiste con un "yo también" más nervioso aún, y nos hicimos uno en ese abrazo, nos hicimos uno en ese beso y nos hicimos un uno desnudo, mientras llegaba hasta mi esta canción que sonaba en la radio que habíamos puesto horas atrás. Amor de juventud, son tus brazos por primera vez. Amor de juventud, un beso, y es el infinito.

(Octubre, 2005)